3 MENTIRAS ECONÓMICAS

Mentira # 1 – El que apuesta al dólar pierde.

En abril de 1981, Lorenzo Sigaut llegó al Ministerio de Economía de Argentina para reemplazar a José Alfredo Martínez de Hoz.

Como no podía ser de otra forma, la inflación y el dólar estaban en el tope de las preocupaciones de los argentinos. Entre el ’76 y el ’80 no hubo un solo mes en que la inflación anual no fuera inferior a las 3 cifras. Para abril del ’81, sin embargo, ésta había bajado al 84%.

En ese marco, y con un dólar que venía subiendo de manera programada gracias a “La Tablita” de Martínez de Hoz, Lorenzo Sigaut decidió permitir una mayor flexibilidad para el tipo de cambio.

No obstante, para evitar una “estampida”, advirtió: “El que apuesta al dólar pierde”.

Ocho meses después, Sigaut abandonaba su cargo, con un dólar que había trepado nada menos que 235% (se multiplicó por 3). El que apostó al dólar, contrariamente a lo que dijo el ministro, ganó.

El episodio de 1981 no es lo único que expone como una mentira la frase sobre el dólar. En un trabajo del profesor de Teoría Monetaria de la UBA, Eduardo Corso, se analizaron los retornos reales de diferentes activos financieros para el período 1977-2014.

La tabla es elocuente:

 Entre 1977 y 2014, el que apostó al dólar ganó más en términos reales que el que apostó a cualquier otra opción dentro de Argentina.

Por si esto fuera poco, el dólar fue una de las tres mejores inversiones de Argentina en 2018.

Mentira #2 – Industrialización por Sustitución de Importaciones

En los cursos de historia económica se enseña que cerrar las fronteras al comercio internacional es una buena estrategia de desarrollo, puesto que genera incentivos para que crezca la industria local, genere empleo, eso impulse la demanda y, finalmente, eso derive en un crecimiento económico sostenible.

Esta teoría, que en algún momento llamé “La teoría Dolina del Crecimiento Económico”, es falsa, ya que ignora las ventajas que tiene el comercio internacional.

Es que, a la larga, la economía no crece porque tenga más demanda, sino por su productividad. De hecho, la mayor demanda es consecuencia de la mayor productividad. Una vez que una persona puede producir más en menos tiempo, genera mayores ingresos, lo que le permite un mayor nivel de consumo.

Pero es precisamente esa ganancia de productividad lo que la sustitución de importaciones impide. Con trabas comerciales, los insumos se encarecen, y la producción se hace más ineficiente, generando un menor despliegue del potencial productivo.

En su Manual de Economía Internacional, hasta el Premio Nobel Paul Krugman critica esta estrategia de Argentina:

… muchos países que han perseguido la sustitución de importaciones, no han mostrado ningún signo de llegar al nivel de los países avanzados. Esto es cierto para la India, que después de veinte años de ambiciosos planes económicos entre principios de los años cincuenta y principios de los setenta, se encontró con que su ingreso per cápita había aumentado solo un pequeño porcentaje. También es cierto para Argentina, antaño considerado un país rico, cuya economía creció a paso de tortuga hasta que liberalizó el comercio a finales de la década de los ochenta

Mentira #3 – La Justicia Social

El problema con el concepto de justicia social no es solo argentino, realmente. Friedrich Hayek, economista austriaco y Premio Nobel ya advertía en su libro de 1988 que “la palabra social ha adquirido tal variedad de significados que carece ya de toda utilidad”.

En su análisis, Hayek identificó al menos 102 palabras que llevaban, en los usos modernos, el adjetivo “social” a su lado. Entre ellas: “bien”, “contabilidad”, “demanda”, “democracia”, “economía”, “propiedad”, o “responsabilidad”.

Ahora bien, a lo que hace referencia la justicia social es a que la distribución del ingreso en un país debe ser más igualitaria de lo que efectivamente es. La crítica de Hayek a este punto es sin duda sofisticada, ya que lo que él dice es que nadie de manera deliberada determinó esa distribución del ingreso, sino que ésta se dio por orden espontáneo.

Es decir, ninguna “mente maestra” decidió que Bill Gates fuera una de las personas más ricas del planeta. Los ingresos de cada uno son el resultado de un proceso espontáneo, de miles y millones de decisiones individuales que, en sus compras diarias, terminan dando una estructura dada de ganancias.

En este marco, cualquier pretensión de hacer un “sistema más justo” implica juzgar que lo que millones deciden, en libertad, no lo es. ¿Y quién es el acusador para hacer dicha afirmación? ¿Qué superioridad moral tiene? ¿A quién está acusando?

Por último, si justicia social es redistribución del ingreso vía imposiciones estatales, entonces -y siguiendo con Hayek-:

… todo ello es radicalmente incompatible con un orden de mercado y con el mantenimiento de la riqueza actual. De este modo, por medio de tales errores, se llega a llamar ?social’ lo que en realidad constituye el principal obstáculo para la buena marcha de la ?sociedad’. Lo ?social’ debería más bien tacharse de antisocial.

La historia reciente de Argentina puede ilustrar el punto del Nobel: se duplicó el tamaño del estado para supuestamente ayudar a los más necesitados. Sin embargo, la situación fiscal a la que eso lleva ya generó 5 recesiones en los últimos 10 años. Es decir, perjudicó directamente a quienes se intentó ayudar.

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